Boudhanath

 

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“Una rueda de plegaria es una rueda cilíndrica montada sobre un eje construida de  metal, madera, piedra, cuero, o algodón en bruto. Tradicionalmente, en la superficie exterior de la rueda se encuentra escrito el mantra om mani padme hum. Según la tradición budista tibetana basada en textos de linaje respecto a las ruedas de plegaria, el hacer girar dicha rueda tiene el mismo efecto meritorio que recitar las plegarias.

El método para aquellos que oran con una rueda de plegaria es muy específico (con pequeñas variaciones de acuerdo a las diferentes sectas budistas). El practicante hace girar por lo general la rueda en sentido horario, en la dirección en la que los mantras están escritos, que es la dirección del sol cruzando el cielo. A medida que el practicante gira la rueda, lo mejor es focalizar la mente y repetir el mantra «Om mani padme hum». No solo esto incrementa el mérito ganado por el uso de la rueda sino también es una técnica de estabilización de la mente, que enseña a la mente mientras el cuerpo está en movimiento.”

La estupa de Boudhanath es uno de los lugares budistas más importantes de Nepal. Es una de las estupas más grandes del mundo y, sin duda, la más grande de Nepal. Tuve la suerte de poder pasar cada día varias veces por mera necesidad y fuera la hora que fuera siempre estaba repleta de fieles recitando mantras y recorriendo la estupa haciendo girar las ruedas que hay alrededor de la misma, elevando sus plegarias al cielo. 

Amanecer en Sarangkot (Pokhara)

Pokhara (en nepalí पोखरा) es una ciudad del centro de Nepal, aproximadamente 200 kilómetros al oeste de la capital, Katmandú. Es una ciudad tranquila que se extiende por la orilla del lago Phewa, y que, a pesar de sosiego recibe diariamente muchos turistas, ya que es punto de partida de un gran número de trekkings que llevan a los viajeros por diferentes circuítos por los Anapurnas. La llaman el balcón de los Himalaya.

A las afueras de la ciudad de Pokhara se sitúa Sarangkot, una colina a 1600 metros de altura desde donde se pueden casi tocar con la punta de los dedos el Manaslu, los Annapurna o el Dhaulagiri.

Son apenas las cinco de la mañana, y desde lo alto de un balcón de un sencillo restaurante en la colina de Sarangkot una inmensidad de turistas se prepara para fotografiar el momento. Estamos a punto de ser conscientes de hasta qué punto había valido la pena el madrugón.

Bajo el sonido de algún turista emocionado y de vendedores que intentaban llamar tu atención proyectando el sonido de sus cuencos tibetanos, el naranja del sol empezaba a bañar de luz las cimas de las montañas. Poco más de media hora después, había terminado de amanecer y las montañas Himalayas completamente iluminadas por el Sol, nos daban los buenos días.

Fue una de las experiencias más bonitas y sorprendentes que viví en Nepal.

 

Por amor al arte

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-La hora del descanso, ¿no?

-Si. Ya he terminado pero te hago compañía hasta que termine la tuya. Ya debería haber vuelto a la faena pero total… Cada vez se acerca menos gente. ¿Tú no lo notas? Y eso que estamos en Agosto.

-La verdad es que la gente casi no me pide ya retratos. Mi nieta el otro día me dijo que era un anticuado, que ahora se llevan las apps que te convierten la foto en lo que quieras. En dos minutos creó uno de esos “cuadros” pop art con una foto que nos hicimos juntos en casa, ¿te lo puedes creer?. Bueno, ¿y a ti qué tal te va con tu música?

-Estoy un poco enfadado, ya casi nadie se para a escucharme tocar como antes. Noto que la gente me graba o fotografía pensando que no me doy cuenta. Supongo que lo hacen para actualizar sus redes sociales. Si vas a grabarme por lo menos colabora conmigo, ¿no?. Seguro que he dado la vuelta al mundo en Instagram o Facebook.

-¿Que has dado la vuelta al mundo dónde?

-Déjalo, si es que somos unos chapados a la antigua.

“La vie en rose”, ¿no?. Seguro que a esa pareja que se acerca les encantaría pasear por aquí con esa canción de fondo, ¿no crees?. Es hora de volver al trabajo.

(La pareja, cuando empezó a sonar la canción se agarró fuerte de la mano, pararon durante un momento para besarse. Pasaron al lado del acordeonista, éste sonreía, feliz, ante la situación de la cual era partícipe. Por supuesto la pareja cuando pasó a su lado lo hizo sin ni siquiera mirarle. Mientras, al otro lado del puente se estaban creando, a la vez dos láminas de pintura, una del paisaje que se tenía de París desde aquel lado del puente, y la otra del acordeonista, haciendo su trabajo.)

 

 

 

Sous le ciel de Paris

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“Et le ciel de Paris
A son secret pour lui
Depuis vingt siècles il est épris
De notre Ile Saint Louis
Quand elle lui sourit
Il met son habit bleu
Hum Hum
Quand il pleut sur Paris
C’est qu’il est malheureux
Quand il est trop jaloux
De ses millions d’amants
Hum Hum
Il fait gronder sur nous
Son tonnerr’ éclatant
Mais le ciel de Paris
N’est pas longtemps cruel
Hum Hum
Pour se fair’ pardonner
Il offre un arc en ciel”

La historia de un beso

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No mucha gente sabe que el verdadero nombre de esta obra en el east side gallery del famoso muro de Berlín es “el beso de la muerte”. Muy lejos del romanticismo con el que los visitantes lo imitan besándose delante del mismo, este beso es un símbolo de un compromiso envenenado en el que ambos dos saben que no existe futuro con final feliz para ellos.