Fukase

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“A principios de la década de 1960 Fukase contrajo matrimonio y convirtió a su esposa, Yoko, en su musa.

La crítica recibió bien las fotos de Yoko y comenzó a tener buenas ventas de su trabajo. Fukase se distingue por apartarse del nihilismo típico de su generación.

Junto con otros fotógrafos inició una escuela fotográfica.

Yoko acabó abandonando a su marido en 1976, después de 13 años de matrimonio.

Deprimido, viajó hacia su tierra natal en Hokkaido. Mientras viajaba en el tren comenzó a notar los pájaros que encontraba. De ahí surgió su gran tema fotográfico: las aves en general pero los cuervos en particular.

En 1992, deprimido, se emborrachó y rodó por una escalera: el golpe le dejó en coma durante veinte años, hasta que falleció en 2012.”

Imposible

– ¡Un café y al lío!

– Papá…

– Ya sabes la ilusión que le hará a mamá. Solo es un poco más de esfuerzo, no nos queda casi nada…

– ¿Casi nada? Papá tu idea de las burbujas es aun peor que aquello que se te ocurrió con las marionetas. Encima esos que tienen el puesto de helados al lado no nos quitan el ojo de encima desde que aquella pompa de jabón les hizo perder todo su chocolate. Además… Ella ya no podría disfrutarlo, ya sabes lo que dicen los médicos…

– No digas eso… Ya sabes que es su sueño, de siempre. Le encantaría, se volvería loca, se tiraría de los pelos que le quedan de placer…

– Pero no va a suceder.

– No digas tonterías hijo. Venga, que se nos hace tarde, y el grupo de japoneses que termina el free tour a esta hora siempre se pone como loco con nuestras burbujas. ¿Te acuerdas de cuándo toda esa gente se puso a hacer cola? El resto de viandantes se pensaban que eran gratis.

– Claro que sí papá.

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(imposibles)

Boudhanath

 

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“Una rueda de plegaria es una rueda cilíndrica montada sobre un eje construida de  metal, madera, piedra, cuero, o algodón en bruto. Tradicionalmente, en la superficie exterior de la rueda se encuentra escrito el mantra om mani padme hum. Según la tradición budista tibetana basada en textos de linaje respecto a las ruedas de plegaria, el hacer girar dicha rueda tiene el mismo efecto meritorio que recitar las plegarias.

El método para aquellos que oran con una rueda de plegaria es muy específico (con pequeñas variaciones de acuerdo a las diferentes sectas budistas). El practicante hace girar por lo general la rueda en sentido horario, en la dirección en la que los mantras están escritos, que es la dirección del sol cruzando el cielo. A medida que el practicante gira la rueda, lo mejor es focalizar la mente y repetir el mantra «Om mani padme hum». No solo esto incrementa el mérito ganado por el uso de la rueda sino también es una técnica de estabilización de la mente, que enseña a la mente mientras el cuerpo está en movimiento.”

La estupa de Boudhanath es uno de los lugares budistas más importantes de Nepal. Es una de las estupas más grandes del mundo y, sin duda, la más grande de Nepal. Tuve la suerte de poder pasar cada día varias veces por mera necesidad y fuera la hora que fuera siempre estaba repleta de fieles recitando mantras y recorriendo la estupa haciendo girar las ruedas que hay alrededor de la misma, elevando sus plegarias al cielo. 

Amanecer en Sarangkot (Pokhara)

Pokhara (en nepalí पोखरा) es una ciudad del centro de Nepal, aproximadamente 200 kilómetros al oeste de la capital, Katmandú. Es una ciudad tranquila que se extiende por la orilla del lago Phewa, y que, a pesar de sosiego recibe diariamente muchos turistas, ya que es punto de partida de un gran número de trekkings que llevan a los viajeros por diferentes circuítos por los Anapurnas. La llaman el balcón de los Himalaya.

A las afueras de la ciudad de Pokhara se sitúa Sarangkot, una colina a 1600 metros de altura desde donde se pueden casi tocar con la punta de los dedos el Manaslu, los Annapurna o el Dhaulagiri.

Son apenas las cinco de la mañana, y desde lo alto de un balcón de un sencillo restaurante en la colina de Sarangkot una inmensidad de turistas se prepara para fotografiar el momento. Estamos a punto de ser conscientes de hasta qué punto había valido la pena el madrugón.

Bajo el sonido de algún turista emocionado y de vendedores que intentaban llamar tu atención proyectando el sonido de sus cuencos tibetanos, el naranja del sol empezaba a bañar de luz las cimas de las montañas. Poco más de media hora después, había terminado de amanecer y las montañas Himalayas completamente iluminadas por el Sol, nos daban los buenos días.

Fue una de las experiencias más bonitas y sorprendentes que viví en Nepal.